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Hacer justicia a través del arte

La obra de la artista colombiana Doris Salcedo parte del trabajo vivo con víctimas de violencia para después crear objetos escultóricos sutiles que les regresan la voz y traen a la memoria colectiva las situaciones de abuso que viven miles de personas en silencio, haciéndoles, en cierta medida, un poco de justicia.

Por Andrea Bravo Echenique

Doris Salcedo lleva trabajando desde hace varias décadas obras que hablan de la apremiante situación de violencia política en su país, sin embargo, con el tiempo y la transformación de los contextos sociales y también políticos de México y el mundo, su trabajo se ha convertido en un discurso más bien universal. Salcedo ha presentado sus obras en espacios como la 8ª Bienal de Estambul (2003), Tate Modern Londres (2007) y este año en el Guggenheim de Nueva York, el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago y el Museo Pérez de Miami.

La obra de Doris Salcedo podría describirse como un ejercicio de transmutación en el que el dolor, la muerte y el duelo se transforman en esculturas silenciosas. Tomando como punto de partida la materialidad de objetos cotidianos, aparentemente inocentes, Salcedo va construyendo sentido sobre ellos, cargándolos con una energía poderosa, de manera que cuando uno observa con sensibilidad, empiezan a tomar vida y a hablarnos sutilmente de la dura violencia de nuestros contextos.

43 Shibboleth 2007_ok

El trabajo de Salcedo está basado en una aguda investigación de campo que consiste en encuentros y entrevistas con personas que han sido víctimas directa o indirectamente de situaciones de abuso a sus libertades y vidas. Estas investigaciones procesuales permiten que la obra artística vaya desarrollándose orgánicamente, de manera que el dolor y la impotencia que causa la injusticia a estas víctimas, sistemáticamente ignoradas, se condensan en objetos que aunque a simple vista parecen inanimados, van adquiriendo una potencia siniestra que denuncia aquello que ellos no pueden expresar, porque ya no están o porque les resulta innombrable.

Una de las piezas más significativas de la artista es Shibboleth, una escultura monumental que consistió en una intervención arquitectónica al Salón de Turbinas del Tate Modern en Londres en 2007. La palabra hebrea shibboleth remite a la acción de marcar distinciones entre razas, aparece en un pasaje bíblico en el que los galaaditas usan la palabra para distinguir a los suyos de la tribu efradita; al cruzar el Río Jordán solo aquellos que podían pronunciar correctamente la primera sílaba de la palabra vivían. Shibboleth de Salcedo, consistió en una grieta en zigzag de 167 metros sobre el piso de la galería que, conforme avanzaba, se hacía más profunda y más ancha. Con esta pieza la artista hace referencia a las divisiones sociales y raciales, señalando cómo en pleno siglo XXI –3000 años después de que la expresión fuera acuñada– estas distinciones siguen siendo vigentes y las personas siguen asesinado a todos aquellos que no pertenecen a determinada tribu. Solo con ver las fotografías uno puede sentir la escalofriante sensación de experimentar un espacio no seguro, que en cualquier momento se va a desmoronar. Se puede percibir el poder de la intransigencia y la injusticia haciendo retumbar las bases de la convivencia armoniosa y poniendo en tela de juicio el sentido de humanidad.

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Otra obra de Salcedo que destaca por su sutileza poética es A flor de piel. La pieza consiste en un velo cosido a mano con pétalos de rosas que previamente fueron sometidos a un tratamiento químico en un esfuerzo por preservarlos, literalmente sosteniéndolos entre la vida y la muerte. Esta pieza está basada en un gesto genuino por hacer una ofrenda floral mortuoria a una enfermera colombiana que fue secuestrada y asesinada a quien no hubo oportunidad de enterrar porque su cuerpo no ha sido encontrado. El fino velo, desplegado en el suelo de una galería, murmura la historia de un cuerpo femenino, frágil, vulnerado; el color rojo quemado remite a la sangre de la carne viva. El trabajo de cosido de la manta es más bien un ejercicio alegórico que remite a una sutura médica sobre un cuerpo y una identidad violentados y desaparecidos, a los que simbólicamente se re-presenta ante nuestra vista bajo la forma de un velo de rosas.

En este sentido es que la obra de Doris Salcedo hace justicia… dando voz a los silenciados, a las víctimas eternas de los intereses políticos y las mentes intransigentes, fundamentalistas. Hablando del dolor impronunciable a través de la poética, devolviendo la dignidad y la memoria de quienes ya no están.


Andrea Bravo Echenique es gestora cultural y Coordinadora Editorial de la revista Capitel.

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