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EL ROL TRASCENDENTE DEL PODER EN LAS ORGANIZACIONES DE HOY

por Carlos M. Mota Margain

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Por más de 300 años las sociedades han creado organizaciones que definen al poder a partir de valores como dominio, control y separación. Es momento de replantearnos esta definición y pensar en otras alternativas de interacción humana que se orienten a dinámicas colaborativas, horizontales y realmente democráticas.

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Todo indica que la dirección del mundo actual no es sostenible.
Antes de profundizar en el concepto del poder, me parece esencial abordar el momento por el que atravesamos. De esta manera, podremos hablar del poder desde un punto de vista más amplio y explorar su papel clave en las organizaciones de hoy y del futuro.

El crecimiento poblacional de la humanidad nos ha llevado a rebasar los 7 000 millones de personas, y el desarrollo, creciente y exponencial, de la tecnología impacta y modifica todos los campos de acción humana.

Por otro lado, una de las premisas del sistema económico actual es la búsqueda permanente de crecimiento y riqueza, lo que genera la necesidad de obtener y extraer productos y materias primas de la naturaleza. Además, enfrentamos altos niveles de concentración de riqueza; según la ONG global Oxfam, para 2016 el 1% de la población tendrá la mitad de la riqueza en el mundo, lo que habla que buena parte se enfrenta cada vez a mayores niveles de exclusión y marginación.

Como colectivo enfrentamos desafíos como convivir en paz, generar confianza y mayores niveles de servicio ético y efectivo en nuestras instituciones políticas, públicas, privadas y sociales. Encaramos retos a fin de mantener en el planeta una temperatura adecuada para la vida, así como una atmósfera libre de contaminantes. En pocas palabras, buscamos que los sistemas que sustentan la vida permanezcan sanos.

La empresa es la institución más poderosa en la actualidad.
Considero que las empresas son las instituciones de mayor influencia, debido principalmente a su fuerza financiera, su rol clave en el sistema económico, el número de personas empleadas, su poder político y social, así como el impacto que generan en el planeta.

Es por esto que la empresa es uno de los actores principales que puede jugar un papel clave en frenar el deterioro ambiental e influir en mejores condiciones sociales en el mundo. A pesar de que hay signos positivos como la responsabilidad social corporativa, que establece la necesidad de generar iniciativas de impacto favorables en la sociedad y en el medio ambiente, estos esfuerzos no son suficientes para lograr un cambio significativo que implique una transición hacia un nuevo paradigma.

El poder ha sido un vehículo esencial para lograr resultados organizacionales.
Hemos entendido el poder como estar capacitado o tener la facultad, el dominio o la influencia que uno tiene sobre algo. También se comprende como la posesión actual, la fuerza, la capacidad de provocar ciertos efectos, o bien, la autorización para hacer algo, dada por una autoridad competente.

El concepto prevaleciente de poder parece estar más cerca de la definición de Talcott Parsons: “Poder se usa para referirse a la capacidad de una persona o grupo para imponer de forma recurrente su voluntad sobre otros”. Sería inimaginable que las empresas hayan logrado los niveles de desarrollo y sofisticación actuales sin la fuerza del poder. Es gracias a él que los colaboradores cumplen órdenes y llevan a cabo tareas en forma automática para alcanzar los resultados comprometidos por los puestos de jerarquía superior. 

Por lo tanto, la evolución del concepto de poder será crucial en la transformación que requerimos. Si el poder ha sido una pieza fundamental en el logro de los resultados, incluso los no deseados, y necesitamos generar resultados sustentables, entonces debemos lograr que el concepto de poder evolucione con un sentido distinto.

Podemos afirmar que, en gran medida, dependemos del impacto generativo de una nueva concepción de poder para encontrar caminos viables hacia el futuro.

Actualmente el poder se concibe dentro del paradigma mecanicista.
El paradigma prevaleciente en el mundo actual es el denominado por algunos autores como paradigma mecanicista, que nace con Descartes y culmina con las aportaciones de Isaac Newton. Este paradigma establece, entre otras cosas, que el mundo es una máquina y, por tanto, gobernado por leyes científicas exactas. Esta línea de pensamiento ha influido de manera significativa en el mundo desde hace 300 años aproximadamente.

El modelo cartesiano-newtoniano fue adoptado por diversas instituciones, entre ellas las empresas. Como consecuencia de esta forma de pensar, la empresa, por lo general, comprende a la organización como un conjunto de partes separadas que hacen funcionar al sistema. Bajo esta visión se crean estructuras organizacionales que separan las funciones y las jerarquías, en una búsqueda de generar control, medición y predicción, tal como lo hacemos al interactuar con una máquina.

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"Requerimos de líderes que adopten y difundan un nuevo significado del poder ".

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Requerimos transitar a un nuevo paradigma organizacional.
Hace 60 años, diversos científicos empezaron a cuestionar la validez de los postulados mecanicistas. Sus hallazgos fueron contundentes: el universo no es una máquina.

Los descubrimientos acerca de los sistemas complejos adaptativos fueron validados por la física cuántica y su visión orgánica de la naturaleza, dejando atrás el modelo cartesiano-newtoniano. Sin embargo, el resto de la sociedad, incluidos los negocios, no lo ha hecho. El legado de Descartes y Newton todavía permanece presente en casi todos los ámbitos de la civilización moderna.

Si hemos de prosperar y crear un futuro sustentable y sostenible, debemos liberarnos de este paradigma y adoptar nuevas formas más efectivas para comprender y relacionarnos con el mundo.

Nuestras instituciones sociales no son efectivas, el gobierno no representa a la sociedad, las escuelas no logran educar, las iglesias parece que no crean significado y las economías no logran prevenir la pobreza.

Muchas personas esperan que surja alguien con la respuesta, y otros, que la ciencia o la tecnología solucionen los problemas. En el fondo, sabemos que no hay una cura milagrosa. Nuestros métodos actuales no pueden resolver los problemas que enfrentamos, que son sistémicos, altamente interdependientes y no podrán ser solucionados actuando en las partes.

La empresa como sistema social vivo, requiere de una transformación del concepto de poder.
Para transitar de un paradigma mecanicista de las organizaciones hacia un paradigma de sistemas sociales vivos, el concepto de poder debe evolucionar. Esta evolución se vuelve imprescindible si queremos aspirar a la transformación que requerimos.

El nuevo sentido del poder debe centrarse en liberar el potencial humano dentro y fuera de las organizaciones, más que en ser un vehículo de control, sumisión y obligación para seguir órdenes y realizar tareas de manera ciega o automática.

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Jacob Hashimoto, Silence Still Governs Our Consciousness (El silencio aún gobierna nuestras conciencias), 2011. Fotografías de Jussi Tiainen. Cortesía del artista.

Anne Biss, Where? (¿Dónde?). Fotografía de Yeshen Venema. Cortesía de la artista.

Anne Biss, Where? (¿Dónde?), detalle. Fotografía de Yeshen Venema. Cortesía de la artista.

Requerimos de líderes que adopten y difundan un nuevo significado del poder, y para ejercer este tipo de poder evolucionado, deben estar dispuestos a ceder el centralismo y protagonismo prevaleciente, para fomentar espacios más democráticos, deliberativos, creativos y de co-creación de ideas y soluciones. Es el líder quien debe dar los primeros pasos para adoptar el nuevo sentido de poder, y al hacerlo, habrá transformado su propósito, a fin de pasar de ser un líder vertical y centrado en la personalidad, a uno orientado al servicio y con una verdadera visión trascendente.

Carlos M. Mota Margain. Es fundador y director de Human Management Systems S.C., empresa especializada en transformación organizacional y evolución trascendente. Cuenta con un MBA por la Universidad de Stanford y estudios de especialización en pensamiento sistémico del MIT.

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