EL RETO PSICOLÓGICO DEL PROFESOR ACTUAL

Ji Zhou, Maquette No. 1 (Maqueta no. 1), 2014. Cortesía de Klein Sun Gallery y el artista. © Ji Zhou.

por Fernanda Ballesteros

EN TÉRMINOS DE LA RELACIÓN ALUMNO-PROFESOR, HOY NOS ENFRENTAMOS A UN MOVIMIENTO PENDULAR EN EL QUE EL ANTIGUO AUTORITARISMO DEL MAESTRO CAMBIÓ POR LA PREDOMINANCIA DEL CAPRICHO DEL ALUMNO. ANTE TAL PANORAMA, EL CONFLICTO PODRÍA CONCILIARSE SI SE GENERARA EL DESEO DE CONOCIMIENTO Y LA MOTIVACIÓN GENUINA POR APRENDER.

Los reglazos en la punta de los dedos que sufrió el abuelo en su niñez ahora son reemplazados por el alumno tirano, mañoso, capaz de dejar al profesor sin trabajo de un día para otro gracias a sus aliados poderosos: los padres.

Antes, según Freud, había un lazo espiritual entre el profesor y los padres, un lazo tejido con autoridad. Ahora, en esta época de deslegitimización, esa alianza está rota. Vimos cómo las dictaduras crearon un sistema de opresión, y ahora ese sistema se reproduce en el abuso de poder en el ámbito escolar. Cómo olvidar los niños uniformados, sin identidad, víctimas del maestro y sus tiranías hasta convertirse en material de un ladrillo más del sistema en “Another Brick in The Wall” de Pink Floyd.

Los queridos antepasados, después de haberse tragado los gritos del profesor y haber inspeccionado la esquina sucia donde los pusieron de castigo contra la pared, vivían el riesgo de sufrir doble castigo si se atrevían a contar su desventura en casa.

Pero hoy cambió el panorama. Consentidos por sus papis, los niños de la nueva generación llegan a contar las malicias del profesor o los caprichos que llevan a cabo como alumnos, y entonces los papás van y se quejan a la administración, o se unen a más progenitores convencidos de la verdad de sus hijitos y por qué no, pequeña manifestación, queja, y el profesor o se cuadra o a la calle.

Massimo Recalcati, psicoanalista lacaniano, profesor de psicología social en varias universidades italianas, explica con peras y manzanas griegas esta metamorfosis antropológica: ahora resulta que la realidad tiene que plasmarse según el berrinche del hijo en vez de ser el hijo quien haga cuentas con la realidad. El complejo de Edipo ha sido reemplazado por el de Telémaco. Esta idea y otras bastante lúcidas se desmenuzan en su libro El complejo de Telémaco.

El vacío en el sujeto está taponado por este narcisismo de creer que sabe y se bloquea el conocimiento.

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Dorota Buczkowska, Swing (Columpio), 2008. Cortesía de la artista.

Dorota Buczkowska (Polonia, 1971) es una artista cuya obra busca capturar momentos, a través de la imagen, en los que se gesta la ilusión de control y entendimiento; la transición de un estado a otro. Además de ser artista, Buczkowska está interesada en temas de desarrollo personal y bienestar. dorotabuczkowska.blogspot.com.ar

Ji Zhou (China, 1970) es un artista cuya obra surge de una mirada discreta y crítica con respecto a la sociedad contemporánea. A partir de objetos fragmentados reconstruye perspicazmente escenarios cotidianos que se encuentran entre la realidad y la fantasía. Su obra es representada por la Klein Sun Gallery en Nueva York. kleinsungallery.com.

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Ji Zhou, Maquette No. 5 (Maqueta no. 5), 2015. Cortesía de Klein Sun Gallery y el artista. © Ji Zhou.

Para los griegos, Edipo ve en el padre la fuente de sus celos y tormentos porque el deseo a su madre lo abruma. Telémaco, en cambio, protege el amor de su padre a su madre combatiendo a los pretendientes. Telémaco no sólo ama a su padre en la nostalgia, se embarca a los desafíos del mar para unirse a él y buscar juntos su versión de la justicia. Edipo ve en el padre al enemigo, mientras que Telémaco se convierte en aliado de su padre.

Los padres le confeccionan al hijo Telémaco una corona de príncipe en una jerarquía donde ellos, en vez de ser los reyes, son los súbditos. El título de rey lo podemos dejar al internet. El acceso casi infinito a la información en dos clics de su smartphone pegado a la palma de la mano causa que vivan en un narcisismo de creer que se tiene el saber.

¿Cuál es el verdadero papel del profesor? ¿Volver a la autoridad de antes? ¿Lanzarles datos que pueden ellos mismos encontrar en la web?

Lo que nos manda a la realidad, al mundo como lo conocemos, lo que estructura al humano es una falta, un vacío, un deseo que es estructurante y estructural. Por más que compremos, que comamos o bebamos y alcancemos algún tipo de satisfacción, siempre queda un inasible, un reducto que nos va a mandar desear. Esto lo explica Lacan en el discurso capitalista en El reverso del psicoanálisis.

El vacío en el sujeto está taponado por este narcisismo de creer que sabe y se bloquea el conocimiento. El alumno tiene que vomitar ese narcisismo y enfrentarse a la frustración del no-saber, una frustración que bien manejada es positiva, pues es el elemento básico del deseo de aprender.

Cuando el sujeto aprende a tolerar el no saber, puede destaparse, vaciarse y encontrarse en su falta de cultura. Así es como el alumno puede entender y valorar a quien tiene frente a él en esa transmisión de conocimiento y hacer propio aquello que se articula. En este momento la transmisión del maestro al alumno se cumple.

Lo esencial para llegar a esta posición discursiva frente a la realidad, sin ese muro narcisista, es localizar el deseo, la motivación de aprender. El verdadero reto del profesor es ése: despertar la pasión por el conocimiento, encender el fuego, dejarlo en búsqueda de la constante apertura a nuevos mundos. El alumno pasa entonces de objeto a sujeto, de matrícula a pensante, de espectador a compañero de viaje del enseñante.

Aprendemos por imitación, instrucción o colaboración. Los alumnos actuales, los pequeños Telémacos, podrían identificarse más con la tercera opción. Pero, detalle importante, para llegar a esa fase tienen que pasar por las primeras dos: tareas fundamentales del maestro.

La transmisión del conocimiento es apenas el inicio del proceso educativo. Recalcati lo subraya: el aprendizaje exige el largo tiempo del pensamiento. Un esfuerzo, una constancia, una concentración que el estudiante acepta cuando la motivación de aprender es más fuerte que las distracciones incontables de una pantalla. Freud dice que la educación es justamente eso, la inhibición: suspender la reacción inmediata para tomar una distancia y elegir con claridad. La inhibición disminuye el ego y le abre las puertas a la cultura.

El profesor difunde el saber, y con eso, el apetito de la vida. Sin este deseo de conocimiento no hay cultura, y como dijo Pasolini, el vacío de cultura genera la muerte. Intentamos llenar el yo de sustancias que en realidad nos alejan: internet, belleza corporal, diversión, cosas que se terminan convirtiendo en dependencia a la red, en bulimia y en drogadicción o alcoholismo.

Desde los ojos de la educación, cualquier característica negativa de la persona es materia de oportunidad para la transformación. El profesor debe conocer las debilidades de su alumno para tener más pistas a fin de entrar en su vacío, despertarle su apetito de la vida.

Más solo que antes, sin el apoyo de los padres y con Telémacos como alumnos, el reto primordial del profesor actual es el mismo que el de todos los siglos: sembrar la semilla del deseo de aprender.

Fernanda Ballesteros estudia actualmente una Maestría de investigación en la Sorbona en temas de psicología y literatura.

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