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El papel de la libertad en la conformación de la capacidad crítica

De la necesidad de procesos educativos que apelen a la libertad en la acción social y académica del estudiante, pasando por la necesidad de promover la capacidad crítica como principio de reflexión, razonamiento, conformación de conceptos, entre otros. Este texto da puntal al ciudadano que demanda nuestro país en el futuro inmediato.

Por Raquel Glazman Nowalski.

Hoy los procesos educativos urgen, la existencia de formas que apelen a la libertad en la acción social y académica del estudiante y de una supresión de expresiones de pasividad, indiferencia, autoritarismo, paternalismo e irresponsabilidad que implican el riesgo de complacencia, apatía y enajenación en el ciudadano que el futuro inmediato demanda en nuestro medio.

La educación demanda de la crítica y contribuye a la formación de estudiantes al fomentar la reflexión sobre la calidad del significado de lo que lee y percibe; afirma su facultad para la síntesis en expresiones verbales y escritas. Lo anterior exige conocimientos y habilidades como el razonamiento, la conformación de conceptos, la investigación, la inducción, la interrogación y la interpretación.

Promover la capacidad crítica demanda precisar la distancia entre formación, capacitación, adiestramiento,  entrenamiento, adoctrinamiento y educación, de modo “que estos se desplacen de patrones de pensamiento habituales hacia nuevas visiones de mundo” (Freire, 1990, 1987, 2004, 1973).

Los obstáculos que se presentan para promover expresiones de la enseñanza que puedan conducir a una capacidad efectiva de hacer crítica, se relacionan con la  propia dificultad que entraña su tratamiento y conformación, e involucran actores de todo el sistema educativo.

En términos teóricos es posible señalar sus principios, su carácter particular según visiones y cosmovisiones de la propia educación entendiendo que varían según las situaciones, las instituciones y las personas. En este sentido asumimos la presencia de elementos que posibilitan expresiones de fomento, apoyo y conducción efectiva de dicha capacidad, que posibilitan una tarea educativa en los términos propuestos. Con Aronowitz y Giroux (1985) entendemos que la crítica exige cuestionar supuestos y creencias que subyacen en conductas individuales y normas sociales a través del análisis de mecanismos del currículo, textos y formas de evaluación, que reproducen estructuras y valores culturales.

Atravesada por aspectos emocionales e intuitivos del sujeto que la ejerce, demanda integrar a los componentes racionales y afectivos en términos de saberes y sentimientos que contribuyan al cambio, mediante la propuesta de opciones, la solución de problemas y la expresión de diversas formas de pensamiento. Reclama habilidades intelectuales, mecanismos sensitivos y la afirmación de actitudes, valores y principios. Demanda el acceso a la información adecuada y pertinente, la formulación de las explicaciones que fundamentan lo dicho, la argumentación, el enunciado de juicios sustentados y sobre todo, el fomento de la autonomía.

Pese a que a lo largo de la historia, la crítica ha sido objeto de múltiples estudios en los espacios humanístico, artístico y social, su liga a la educación insta a atender sus especificidades. Lo anterior refiere tanto a los distintos campos disciplinarios de origen, como a sus relaciones; a tiempos y espacios particulares y a los proyectos educativos susceptibles de desarrollarse en las condiciones actuales. Conforme a lo anterior afirmamos la necesidad de fomentar, en la formación e investigación del estudiante cuestiones que atiendan a los problemas éticos, teóricos y prácticos que entraña la conformación de la capacidad crítica.

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Jared Rodríguez, Higher Education and the Promise of Insurgent Public Memory, 2015. www. truth-out.org.

Su vigencia y necesidad se definen desde carencias precisas en la educación nacional y desde las actitudes políticas y los valores sociales y humanos dominantes. Por esto tendría que destacarse su importancia en todos los niveles educativos y reconocer la relación investigación, políticas y prácticas educativas en la línea que postulan los procesos críticos.

Ligada a la democracia y la ciudadanía, la crítica determina procesos de construcción y difusión de saberes congruentes con las condiciones sociopolíticas y académicas actuales del país, de ahí la necesidad de analizar sus vetas, su papel paradigmático y sus expresiones. Si bien hoy en México tiene gran fuerza la idea de una educación vinculada a la práctica —necesaria aunque no suficiente– existe también en buena parte del medio educativo, la convicción de que se ha enfatizado una veta memorística y pragmática en detrimento de la expresión de un pensamiento original. Los problemas relacionados con lo anterior han sido escasamente  tratados en los programas de formación; hay además un vacío de propuestas dirigidas a fomentar en el alumno formas de reflexión, de conformación de posturas y de formulación de criterios y juicios, todo lo que indica la necesidad de cambios estructurales significativos en las vertientes que nos ocupan.


Raquel Glazman Nowalski es Doctora en Pedagogía en la Facultad de Filosofía y Letras/UNAM.

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