EL MÁS FUERTE DEL MUNDO

Todas las imágenes © Sam Durant, Cortesía del artista y Blum & Poe, Los Angeles/New York/Tokyo. The Porto Atlas (El atlas Porto), 2010.

por Jaime Vigna Gómez

EN PLENO SIGLO XXI LOS FACTORES QUE OTORGAN PODER Y FUERZA POLÍTICA SE HAN TRANSFORMADO SIGNIFICATIVAMENTE. HOY, LA TECNOLOGIZACIÓN Y LA CAPACIDAD DE ADAPTACIÓN PARECEN SER RASGOS DEFINITIVOS PARA SER DE LOS MÁS FUERTES EN EL PANORAMA INTERNACIONAL.

Desde la Antigüedad, los grupos humanos han establecido lineamientos para garantizar su sobrevivencia y complejos sistemas organizativos a fin de determinar quién o quiénes son los encargados de hacerlos cumplir. En la actualidad, la estructura política universalmente aceptada para realizar esta función de control territorial y cumplimiento de la ley es el Estado. Al interior de éste, la figura del primer ministro o de presidente representa la cúpula del poder político y, por lo tanto, la máxima figura de fuerza y autoridad en el territorio.

Según este mismo argumento, la lógica nos diría que, en el medio internacional, operaría un esquema similar. Los jefes de Estado y de gobierno serían los individuos más fuertes del mundo. Sin embargo, si existen 194 países y no hay un “presidente del mundo” entonces, ¿cómo podemos saber quién es el más fuerte? Aunado a ello, en la esfera internacional se mueven otros actores igual de poderosos (o incluso más) que los Estados, por ejemplo, en la lista de las personas más poderosas de la revista Forbes encontramos, entre los primeros 25 lugares, a 11 empresarios, algunos de los cuales, como Jeff Bezos o Bill Gates, ocupan los primeros lugares del conteo.

Esto muestra que la percepción de fuerza en la actualidad se encuentra fragmentada, reflejo de un medio internacional complejo y cambiante, en donde los Estados no sólo compiten entre sí, sino con diferentes actores que, paulatinamente, van adquiriendo mayor poder e influencia. En medio de este complicado escenario ¿realmente podemos saber quién es el más fuerte del mundo?

Los poderes políticos y económicos han estado íntimamente conectados. Los reyes y emperadores, poseedores del derecho divino, controlaban política y económicamente a sus reinos. Eran esquemas verticales y sociedades muy jerarquizadas que permitían sólidos mecanismos de control. El surgimiento del liberalismo vendría a alterar este sistema al colocar la libertad individual en el centro de su ideología; rompería con todo el esquema constituido y sentaría las bases del sistema político, económico y social que tenemos en la actualidad.

Fruto del liberalismo, surge la figura del Estado, encargado de organizar la vida política y social de los territorios. Una de las principales características de este nuevo modelo es que separa las esferas políticas y económicas: el Estado controla la vida política que se circunscribe a las fronteras territoriales, mientras que la económica tiene libertad de flujo y sólo las fuerzas del mercado la pueden limitar. A largo plazo, este sistema ha permitido que corporaciones y empresas de carácter transnacional tengan la capacidad de competir, en control y fuerza, con los Estados. En la citada lista de Forbes, por ejemplo, Bezos y Gates aparecen rankeados encima de Narendra Modi, primer ministro de la India, un país con casi una quinta parte de la población mundial. Entonces, no sería descabellado considerar a los CEO de las empresas transnacionales —especialmente las del sector tecnológico— como fuertes candidatos para ser los más fuertes del mundo.

Ahora, si quitamos de la ecuación a los empresarios, tampoco es sencillo determinar cuál de los Estados es el más fuerte o poderoso a nivel internacional. A mediados del siglo pasado, Hans Morgenthau definió una lista de elementos que determinan la fuerza de los Estados: geografía, recursos naturales, capacidad industrial, preparación militar, población, carácter nacional, carácter moral, calidad de su diplomacia y calidad de su gobierno.

En la práctica, esta fórmula no es tan fácil de seguir. Aunque el tamaño de la población y del territorio siguen siendo instrumentos indiscutibles de poder, recursos naturales (como el petróleo) que hace décadas daban mucha fuerza a los Estados que las controlaban, están en declive constante y es muy probable que desaparezcan en unos años. El mundo digital, en ciernes cuando Morgenthau escribió su teoría, es ahora un elemento central de poder, al ser el medio fundamental de difusión y control de la información, es mucho más importante en la actualidad que, por ejemplo, la capacidad industrial.

En un mundo en permanente cambio y transformación, el poder y la fuerza parecen residir en la capacidad de adaptación y el desarrollo tecnológico. Los Estados que invierten en el desarrollo de tecnología —Estados Unidos, China, Rusia y Alemania— siguen siendo (y percibiéndose) fuertes y poderosos. Si nos referimos a los individuos, los líderes que han sabido adaptarse a los cambiantes entornos tecnológicos o al ambiente político prevaleciente, mantienen una imagen de fuerza dentro y fuera de sus territorios.

Los Estados siguen detentando un poder nominal y real, así como el monopolio del uso legítimo de la fuerza y la violencia. Sin embargo, los parámetros para medir la fuerza o el poder de un Estado han cambiado en las últimas décadas. Por ejemplo, en la actualidad, importa mucho menos el tamaño de los ejércitos, que su tecnologización. En el futuro, el desarrollo tecnológico y la capacidad de adaptación serán los elementos que definirán la fortaleza de los Estados fuera de sus fronteras nacionales.

También es importante tener presente que, en un entorno globalizado, las corporaciones multinacionales se mueven de forma más natural y su capacidad de adaptación es enorme. Por ello, no sería descabellado imaginar que, en el futuro, el enfrentamiento por ser el más fuerte del mundo no se vaya a dar entre los Estados, sino entre corporaciones económicas que no tienen que rendir cuentas a sus ciudadanos ni se encuentran limitadas por fronteras territoriales.

[…] no sería descabellado considerar a los CEO de empresas transnacionales […] como fuertes candidatos para ser los más fuertes del mundo.

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The World in 2011: GDP and Total Corporate Assets (El mundo en 2011: PIB y Activos Corporativos Totales), 2011. Investigación y cartografía de Candice Lin y Sandy de Lissavoy.

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Todas las imágenes © Sam Durant, Cortesía del artista y Blum & Poe, Los Angeles/New York/Tokyo. The Porto Atlas (El atlas Porto), 2010.

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Geography Lesson (Top Ten Places for Tax Evasion and Money Laundering) [Lección de geografía (Los diez mejores lugares para la evasión de impuestos y lavado de dinero), 2011.

El desarrollo tecnológico y la capacidad de adaptación serán los elementos que definirán […] la fortaleza de los Estados fuera de sus fronteras nacionales.

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Antipodean Globe (Desliens 1566) [Globo antipodeano (Enlaces 1566)], 2011. Investigación y cartografía de Candice Lin y Nikki Pressley. Fuente: H. Delachaux; El mundo: copiado directamente en la Biblioteca Nacional de París del original [Nicholas Desliens 1566]; 1884 o 1898, Cortesía de la Biblioteca Nacional de Australia.

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Pigs and Gold (Cerdos y oro), 2011. Investigación y cartografía de Candice Lin.

Sam Durant es un artista multimedia estadounidense que vive y trabaja en Los Ángeles en torno a temas políticos, económicos, culturales y sociales. Los trabajos que se presentan en este artículo sugieren de manera lúdica una reflexión crítica sobre el poder y la fuerza que opera en el ámbito internacional. blumandpoe.com/artists/sam-durant

Jaime Vigna Gómez es Licenciado en relaciones internacionales por la UNAM y Maestro en historia moderna de México por Casa Lamm. Miembro del Servicio Exterior Mexicano desde el 2013. Trabajó en el Consulado de México en Indianápolis entre 2014 y 2018. Actualmente cursa un Máster en gestión cultural en la Universidad Carlos III de Madrid.

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