EL CASO DE CHARLES SAATCHI Y LA ESPECULACIÓN DEL MERCADO COMO CATAPULTA AL ÉXITO EN EL ARTE CONTEMPORÁNEO

Angela Bulloch, Double Ice (Hielo doble), 2013. Cortesía de la artista y Simon Lee Gallery, Londres / Hong Kong. simonleegallery.com

por Ximena Escalera Zamudio

EN LA ESFERA DEL ARTE SIEMPRE HA SIDO CONTROVERTIDO DEFINIR QUÉ OBRAS Y ARTISTAS SON LOS QUE TIENEN ÉXITO. EL CASO DEL COLECCIONISTA CHARLES SAATCHI EJEMPLIFICA CÓMO, EN UN SISTEMA COMPLEJO, LA POSIBILIDAD DE ELEVAR EL VALOR DE UN OBJETO ESTÁ ABIERTA A DISTINTAS FORMAS.

En 1988, Damien Hirst, recién egresado de Bellas Artes en The Goldsmiths College of Arts de la Universidad de Londres, organizó, con algunos compañeros de generación, la exposición Freeze al interior de una bodega vacía en un muelle a orillas del Támesis. Entre los asistentes se encontraba Charles Saatchi, coleccionista británico fundador de Saatchi & Saatchi, una de las agencias de publicidad de mayor renombre mundial. Días después de visitar Freeze, Saatchi adquirió la totalidad de las obras exhibidas.

Odiado por unos, amado por otros, pero exitoso al descubrir al nuevo talento artístico de los años noventa, Saatchi fue el principal responsable del rumbo que tomó el arte británico en aquellos años. El riesgo que corrió al comprar las obras de Freeze fue calculado, como era un gurú de las ventas y la mercadotecnia, Saatchi pudo haber invertido en one hit wonders. Sin embargo, su labor como mecenas generó una suerte de apadrinamiento de muchos artistas emergentes, cuyas obras, gracias a su respaldo financiero, se colocaron rápidamente en la cima del arte contemporáneo mundial.

Aquel sería sólo el inicio de una serie de sucesos que posicionarían a Saatchi como una suerte de Rey Midas del arte contemporáneo. En ese sentido, su injerencia en el arte rompió con el supuesto de que el artista nace, pues según la crítica, fue él el responsable de generar a muchos artistas de los noventa. En 1985, Saatchi fundó su propio espacio de exhibición, la Saatchi Gallery, cuya idea era presentar al público su colección de arte. En un inicio la obra reunida pertenecía a grandes figuras del arte minimalista, como Donald Judd, Dan Flavin y Sol LeWitt, pero luego de Freeze, el enfoque de la galería dio un giro y empezó a operar como una plataforma para que expusieran artistas jóvenes, emergentes e inéditos en el mainstream del arte. Los primeros favorecidos fueron los Young British Artists (YBA).

Como todo lo que rodea a Saatchi, su galería también generó controversia, no sólo por convertirse en el referente del arte británico, sino también, porque pagó mucho más del valor inicial de varias de las obras adquiridas. El hecho de comprar obras por incluso diez veces su precio a modo de capricho personal y con tal de tenerlas en su colección, infló los precios del mercado del arte y rompió las reglas de éste. Saatchi argumentó, con el cinismo que lo caracteriza que, “yo compro el arte que me gusta. Lo compro para enseñarlo en exposiciones, luego, si se me antoja, lo vendo y compro más arte. Esto no significa que haya cambiado de opinión respecto al arte que estoy vendiendo, simplemente quiere decir que no quiero acumular todo lo que tengo por el resto de mis días.”

En 1997, la Royal Academy of Arts presentó la exposición Sensation, misma que desató una fuerte polémica, pues era la primera vez que una institución pública mostraba una exhibición a partir de una colección particular, la de Saatchi. En la prensa se discutía si eran cómplices, pues en la medida en que dicho espacio le diera visibilidad a esta colección, se elevaría el valor de las obras. Sensation reunió obras de estudiantes británicos nacidos en los sesenta, que, consolidados y unidos bajo las siglas de YBA, se habían convertido en las celebridades más afamadas del mundo artístico.

Las obras incluidas en Sensation se caracterizaron por ser controversiales y fueron difíciles de exhibir en museos a nivel internacional. Pese a todo, si la premisa de que el éxito de una exposición se mide por el número de personas que la visitan es cierta, Sensation triunfó, ya que fue una de las exposiciones más visitadas en la historia del arte británico.

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Angela Bulloch, Pixel Corner Piece (Pieza de esquina de pixel), 2015. Cortesía de la artista y Simon Lee Gallery, Londres / Hong Kong. simonleegallery.com

Con el pasar de las décadas y las transformaciones propias del arte, Saatchi y su galería han mantenido el espíritu de impulsar la producción de creadores audaces que se encuentran al margen del circuito predominante del arte contemporáneo. Tal es el caso de la artista iraní Soheila Sokhanvari quien en 2016 presentó su obra Moje Sabz en la exposición Champagne Life en Saatchi Gallery, la cual celebró la contribución de las mujeres al arte contemporáneo, o la pieza Everything Must Go del martiniqués exiliado Jean-François Boclé en la muestra Pangea II en la que se presentó obra reciente de artistas africanos y latinoamericanos.

¿Por qué Saatchi decidió comprar y exhibir obra de artistas que nadie conocía e invertir en carreras que estaban lejos del éxito? En alguna entrevista, el coleccionista afirmó que él no ve sus compras como inversión, pues dinero no le hace falta, sino que el motor detrás de coleccionar radica en la satisfacción de poseer aquello que desea. Con todo, la estrategia de Saatchi recayó en el hecho de que si él pagaba más que nadie por ciertas obras, el mercado se elevaría, así podría controlarlo y su colección prevalecería como la más significativa y él como el coleccionista más poderoso. Lo cierto es que, a raíz de sus compras, no sólo el consumo del arte se modificó, sino también la producción del mismo. Pareciera pues, que lo menos importante de este asunto es descubrir si el valor estético de las obras o las estrategias de mercado de Saatchi provocaron el triunfo de los YBA o de otros artistas emergentes; cualquiera de las dos, es un hecho, que todo lo que Saatchi toca termina convertido en un éxito.

“[…] plataforma de visibilidad para artistas jóvenes, emergentes e inéditos en el mainstream del arte […]”.

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Vista de instalación de Soheila Sokhanvari (Moje Sabz) en ‘Champagne Life’, 2016. Fotografía de © Steve White. Cortesía de Saatchi Gallery, Londres. saatchigallery.com

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Vista de instalación de Soheila Sokhanvari (Moje Sabz) en ‘Champagne Life’, 2016. Fotografía de © Steve White. Cortesía de Saatchi Gallery, Londres. saatchigallery.com

Samantha Bermúdez es estudiante de literatura y creación literaria en el Centro de Cultura Casa Lamm y colaboradora de la revista Capitel de Universidad Humanitas.

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