EL CARÁCTER, UNA MIRADA DESDE EL PSICOANÁLISIS

Shirin Neshat, Nida (Patriots), from The Book of Kings series [Nida (Patriotas), de la serie El libro de los reyes], 2012. Copyright Shirin Neshat. Cortesía de Gladstone Gallery, Nueva York y Bruselas.

por Rosa María Ramírez de Garay y Vicente Zarco Torres

PARA SIGMUND FREUD EL FUNCIONAMIENTO MENTAL DEL SER HUMANO SE DESARROLLA EN LA LUCHA ENTRE EL PRINCIPIO DE PLACER Y EL DE REALIDAD. EN ESTE IR Y VENIR CADA SUJETO VA ADQUIRIENDO UNA SERIE DE MARCAS A PARTIR DE LAS CUALES AFRONTA LA REALIDAD DE SU VIDA, SU CARÁCTER.

Cotidianamente nos referimos al carácter como aquello propio de las personas que distingue su forma de ser y facilita ciertas maneras particulares de responder a las situaciones de la vida diaria. Solemos referirnos al buen o mal carácter de alguien en función del tipo de respuestas que expresa, y otras veces utilizamos el término para describir a una persona muy determinada en su forma de actuar.

En sus raíces etimológicas, carácter hacía referencia a alguien o algo que hace marcas, que graba o inscribe algo sobre una superficie. En consecuencia, podemos pensar que el carácter está relacionado con una serie de inscripciones o marcas del sujeto. Uno de los grandes aportes de Sigmund Freud radicó justamente en permitirnos comprender que las vivencias infantiles tienen un papel fundamental en el desarrollo de la personalidad adulta. Aquello que se va inscribiendo desde la infancia influirá de manera fundamental en la forma de vivirse en el mundo.

Siguiendo a Freud, los seres humanos nacemos en un estado tan prematuro que hace imprescindible para nuestra supervivencia la cercanía y acción de otro que nos cuide, alimente y proteja. En sus primeros meses de vida, ese ser no distinguirá siquiera entre lo que podemos llamar un mundo interno y un mundo externo. La vida en ese momento es una serie de sensaciones que se irán ordenando poco a poco y que irán adquiriendo sentido a partir del discurso de los otros a su alrededor. En estos primeros tiempos, el bebé sólo demanda: tiene hambre, llora; necesita defecar, lo hace. Sin embargo, este estado no durará permanentemente. Poco a poco los padres o los cuidadores primarios comenzarán a ejercer, a la par de los cuidados, una fuerza contraria al apetito insaciable del bebé. Aparecerán los primeros “no” y los primeros límites y, con ellos, se instaurará poco a poco el lenguaje. Así, el bebé se encontrará de lleno con un mundo exterior que se le impone, con sus límites y frustraciones, y que va dejando sus primeras inscripciones en el aparato psíquico.

Esto construye en el sujeto en formación dos principios que, de acuerdo con Freud, rigen el funcionamiento mental del sujeto. El principio del placer (las pulsiones) es aquel cuya finalidad es evitar el displacer y procurar el placer, y se caracteriza por la búsqueda constante de la descarga y la satisfacción. Por otra parte, el principio de realidad es aquel que detiene al sujeto en esta descarga inmediata y lo lleva a buscar otras vías, rodeos y aplazamientos para encontrar la satisfacción buscada. El principio de realidad responde en función de las condiciones impuestas por el mundo exterior, condiciones que tienen que ver por un lado con las posibilidades inmediatas de obtener satisfacción, y por el otro, con los preceptos morales y convenciones sociales y culturales sobre lo correcto y lo incorrecto. En este sentido, Freud señala en El malestar en la cultura que la cultura es necesaria para la supervivencia y constitución del sujeto, pero a la vez, “gran parte de la culpa por nuestra miseria la tiene lo que se llama nuestra cultura”, en tanto frustra la satisfacción inmediata y “obliga” al sujeto a buscar el placer por otras vías.

[…] el carácter está relacionado con una serie de inscripciones o marcas del sujeto.

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Shirin Neshat, Ahmed (Masses), from The Book of Kings series [Ahmed (Masas), de la serie El libro de los reyes, 2012. Copyright Shirin Neshat. Cortesía de Gladstone Gallery, Nueva York y Bruselas.

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Shirin Neshat,(Villains), from The Book of Kings series [Bahram (Villanos), de la serie El libro de los reyes], 2012. Copyright Shirin Neshat. Cortesía de Gladstone Gallery, Nueva York y Bruselas.

Así, el carácter se va constituyendo a partir de este juego de fuerzas entre las pulsiones y la cultura, los otros y lo social. El carácter se condensa a partir de la historia del sujeto como una forma relativamente estable en que el Yo, estructura psíquica planteada por Freud en la segunda tópica, responde a estas tensiones entre el principio del placer y el de realidad. Es producto pues de las pulsiones del sujeto y sus reacciones para defenderse ante ellas, así como sus negociaciones con las exigencias de la realidad.

Algunos psicoanalistas han entendido el carácter como una especie de núcleo o inscripción prácticamente inamovible en el sujeto, y por lo tanto inanalizable en un proceso psicoanalítico. Una “barrera narcisista” ante la cual el análisis nada tiene que hacer. No obstante, el mismo Freud habló sobre el lugar que ocupa el carácter en el proceso analítico y su postura nos lleva por otra vía: “Cuando el médico lleva a cabo el tratamiento psicoanalítico de un neurótico, su interés en modo alguno se dirige en primer término al carácter de este. Mucho más le interesa averiguar el significado de sus síntomas, las mociones pulsionales que se ocultan tras ellos y que por su intermedio se satisfacen. [Sin embargo, pronto nota que] su investigación es puesta en peligro por resistencias que el enfermo le opone, y le está permitido imputar tales resistencias al carácter de este. Y entonces ese carácter cobra primacía en cuanto a su interés”.

En este sentido, comprendemos el carácter como una serie de inscripciones o escrituras que quedan implantadas en el sujeto desde temprana edad, que resultan en una forma relativamente estable de afrontar la realidad. Nuestro mal o buen carácter es en último término una forma de echar a andar nuestras defensas para afrontar las exigencias que lo interno (lo pulsional) y la realidad imponen al sujeto. Es pues, resultado del conflicto dinámico que nos caracteriza y define a todos. Sin embargo, no es inamovible. El proceso psicoanalítico a lo que apunta, dentro de muchas otras cosas, es a proveer al aparato psíquico de cierta flexibilidad que le permita al sujeto moverse en el mundo de una forma menos angustiante, en consonancia con su deseo, reescribiéndose cada vez que sea necesario. Contrario a lo que solemos pensar cotidianamente, la rigidez del aparato no es fortaleza. En este sentido, el carácter, si bien resulta difícil de analizar y trabajar, en tanto puede resultar egosintónico a diferencia de los síntomas, es un aspecto más que el sujeto tendría que poder cuestionar y flexibilizar dentro de un análisis, abriendo así la posibilidad en el sujeto de reescribirse cada tanto.

Shirin Neshat es una artista visual y fotógrafa iraní que vive en Nueva York. Su trabajo se centra en la reflexión sobre las mujeres en la sociedad islámica contemporánea. La Galería Gladstone representa algunas de sus obras. gladstonegallery.com

Rosa María Ramírez de Garay es Maestra en psicoterapia psicoanalítica y actualmente doctorante en psicología y salud en la UNAM. Se ha dedicado a la clínica con adolescentes y adultos, a la investigación y la docencia.

Vicente Zarco es psicoanalista y profesor de medio tiempo en el posgrado de psicología de la UNAM. Corresponsable del grupo Psicoanálisis Extramuros UNAM.

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