Casa Wabi. Cortesía de Fundación Casa Wabi.

por Ariadna Montañez

EN LA COSTA OAXAQUEÑA EXISTE UN PEQUEÑO PARAÍSO DONDE EL ARTE CONTEMPORÁNEO Y LA COMUNIDAD CHARLAN PARA DAR LUGAR A NUEVAS FORMAS DE CREATIVIDAD EN LAS QUE EL COMPROMISO SOCIAL Y ECOLÓGICO SON EL MOTOR PRINCIPAL.

En la estética japonesa, lo imperfecto, lo efímero y hasta lo incompleto son un sinónimo de belleza. Bajo ese conjunto de ideas nació el término “Wabi-sabi”, en el que se asocia el arte con su fugacidad e inexactitud. En 2014, con el afán de trabajar bajo estos ideales, el mexicano Bosco Sodi creó una fundación conocida como Casa Wabi.

Ubicada en la hermosa costa oaxaqueña, el fabuloso arquitecto japonés Tadao Ando diseñó la casa. Ando basa su trabajo en la nada y el vacío para crear espacios llenos de belleza y simplicidad y cree que la arquitectura puede cambiar a la sociedad, por eso, siempre se encarga de generar ideas que se materialicen en espacios enfocados a las sensaciones y las experiencias físicas.

Bajo la concepción de encontrar belleza en el accidente y visualizar profundidad en la naturaleza, Ando dio vida a un lugar único, que desde su apertura ha tenido una misión: generar contemplación, diálogo, convivencia y participación por medio del arte.

Casa Wabi alberga diversos espacios para exposiciones, talleres y proyecciones, además, cuenta con seis dormitorios para los artistas residentes. No está de más mencionar, que el lugar colinda con el océano impresionante, que brinda solemnidad pura a todos los que necesiten detonar su creatividad.

Una de las cualidades por las que Casa Wabi es única, es que, además de preocuparse por el intercambio de ideas, la creación y la valoración del arte, fue desarrollada para generar conciencia ecológica y ser sustentable.

Para hacer esto posible, el arquitecto japonés Kengo Kuma desarrolló la parte de la casa que involucra un huerto, un gallinero y un invernadero. Kuma cree que la transparencia es una característica de la arquitectura japonesa y bajo esta concepción, empleó materiales ligeros y naturales para conectar de manera simple, el paisaje y el espacio.

Cabe destacar que, además de esta sede en Oaxaca, Casa Wabi tiene otra pequeña en Tokio bajo el nombre de Casa Na-No. En ella se recibe a artistas mexicanos que buscan enriquecer sus habilidades con la cultura y tradición de Japón. Por otro lado, en la Ciudad de México, justo en el corazón de Santa María la Ribera, se halla otro espacio destinado a exhibir el trabajo de artistas de la colonia y la escena local, aprovechando los espacios existentes para continuar fortaleciendo la red artística en México.

Espacios para el arte siempre los habrá, pero definitivamente ninguno como Casa Wabi. A nivel estético y funcional, Casa Wabi es de ensueño. En este lugar no sólo se crea y se exhibe, también se amplía la perspectiva en cuanto al trabajo comunitario y la importancia de expandir el arte hacia regiones que nunca antes habían tenido alcance a él. 

Bajo la concepción de encontrar belleza en el accidente y visualizar profundidad en la naturaleza [Casa Wabi] tiene una misión: generar contemplación, diálogo, convivencia y participación por medio del arte.

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Casa Wabi. Palapa. Fotografía de Ilán Rabchinskey. Cortesía de Fundación Casa Wabi.

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Casa Wabi. Pabellón Siza. Fotografía de Eduardo Amaro. Cortesía de Fundación Casa Wabi..

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Casa Wabi. Pabellón Siza. Fotografía de FCW. Cortesía de Fundación Casa Wabi.

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Casa Na-No. Fotografía de Nobutada Omote. Cortesía de Fundación Casa Wabi. casawabi.org.

Ariadna Hagerty fue locutora de radio pública por 15 años, hoy disfruta una vida simple rodeada de naturaleza en la región del Pacífico Norte. 

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