CARTELERA AUDITORIO NACIONAL

FRANKENSTEIN

NT. Live presenta: 29 de abril 20:00 hrs.
Lunario del Auditorio Nacional


Danny Boyle (Trainspotting) y Benedict Cumberbatch (Sherlock) se unen para celebrar los 200 años de Frankenstein de Mary Shelley. El resultado, aclamado a lo largo del mundo, ha cambiado la percepción que teníamos del personaje: ya no vemos los tornillos que le salían del cuello a Boris Karloff, ahora encontramos una versión que se mueve entre el homenaje y la sátira y que, en la voz de Cumberbatch, resulta prodigiosa. La recreación desfigurada de esta puesta nos lanza una pregunta: ¿el amor y la amistad han logrado redimir al monstruo? Cada uno podrá encontrar su propia respuesta.

NTL 2018 - FRANKENSTEIN - 04 The Creature (Bendedict Cumberbatch). Photo by Catherine Ashmore

ANTONIO Y CLEOPATRA

NT. Live presenta: 5 y 6 de mayo 18:00 y 20:00 hrs.
Lunario del Auditorio Nacional


Esta puesta en escena de una de las tres obras de Shakespeare que escribiera en 1606 (Macbeth, El rey Lear) se presenta con un gran reto: convivir en la memoria del público con una de las puestas en escena que más han marcado la escena shakespeariana moderna: la versión de Peter Hall con Anthony Hopkins y Judi Dench. Con esa lápida en los hombros, la presente dirección de Simon Goodwin nos recuerda que la muerte está presente en esta obra del bardo inmortal como un personaje no escrito, pero que sirve de hilo conductor para los personajes.

Antony & Cleopatra by Shakespeare,               , Writer - William Shakespeare, Director - Simon Godwin, Set Designer - Hildegard Bechtler, Costume Designer - Evie Gurney,  Lighting Designer - Tim Lutkin, The National Theatre, 2018, Credit: Johan Persson

DIALOGO DE CARMELITAS

En vivo desde el Met de Nueva York: 11 de mayo 11:00 hrs. Auditorio Nacional 


Esta ópera de Francis Poulenc basada en una obra de George Bernanos no podría ser más actual. En un momento en que el Estado Islámico y diversas fuerzas han desatado una feroz intolerancia hacia la fe de otros, el martirio de las monjas del convento carmelita de Compiègne, durante el terror de la Revolución Francesa, puede ser visto con nuevos ojos. Aunque la puesta en escena representó la obra en su contexto histórico, incluido el vestuario de los personajes, es posible observar, con ojos contemporáneos, una de las óperas más importantes del siglo XX, cuyos pasajes conmovedores no dejan de estremecer.

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Siân Brooke and Alex Hassell in I'm Not Running at the National Theatre by David Hare
Director
Neil Armfield
Set Designer
Ralph Myers
Costume Designer
Sussie Juhlin-Wallen
Lighting Designer
Jon Clark

Photo by Mark Douet

NO ESTOY CORRIENDO

NT. Live presenta: 2 y 3 de junio 18:00 y 20:00 hrs.
Lunario del Auditorio Nacional  


Las obras de David Hare confrontan a los personajes y los colocan en situaciones en las que el deber social (y sobre todo la presión de los otros) y las emociones personales entran en conflicto. Éstos transitan por los problemas de nuestro tiempo: el mercado, los intereses políticos, la imagen privada diluida por la imagen pública, y se confrontan a tomar decisiones, aunque muchas veces son víctimas de las circunstancias. No estoy corriendo es una obra que sirve de espejo para ver cómo todos vamos en el mismo camino: si postergas las decisiones que debes tomar en la vida, la vida misma se encargará de meterte en ese callejón sin salida.

Eva-Maria Westbroek as Sieglinde and Stuart Skelton as Siegmund in Wagner's "Die WalkŸre."
Photo: Ken Howard/Metropolitan Opera
Taken at the Metropolitan Opera in New York City on April 9, 2012

LA VALQUIRIA DE RICHARD WAGNER EN VIVO DESDE LA MET DE NUEVA YORK EN PANTALLA GIGANTE DE ALTA DEFINICIÓN
TEMPORADA 2018–2019

por Carlos O. Noriega

El 30 de marzo, un estruendo sacude la Metropolitan Opera House de Nueva York y el aplauso reverbera en la gran pantalla del Auditorio Nacional de la Ciudad de México.

Los cornos retoman el crescendo de las cuerdas para dar inicio al primero de los tres actos que componen La Valquiria de Richard Wagner (1813-1882), dirigida por Philippe Jordan y producida por Robert Lepage.

La escenografía de Carl Fillion pasa de ser un bosque en la tormenta al interior de una casa en la que penetra Sigmundo (Stuart Skelton), exhausto, consiguiendo huir de sus enemigos. Allí, Siglinda (Eva-Maria Westbroek) recibe con un tarro de aguamiel al fugitivo.

—”¿Quién me ha restaurado la fortaleza?”— canta Sigmundo.

Se enamoran, pero el cortejo se rompe en cuanto llega Hunding (Günther Groissböck), esposo de Siglinda, quien con desconfiada cortesía invita al desconocido a pernoctar, éste, a su vez, descubre con temor que su anfitrión es pariente de sus enemigos. Se detona un duelo a muerte al amanecer.

En el segundo acto, la escenografía se convierte en un inmenso ojo y recuerda el anillo que une toda la historia. Wotan (Greer Grimsley), rey de los dioses, discute con su esposa Fricka (Jamie Warton), diosa del matrimonio. Luego de esa discusión, Wotan le ordena a su hija, la valquiria Brunilda (Christine Goerke), que proteja a Sigmundo en el duelo contra Hunding. Sin embargo, la valquiria desobedece a su padre y Sigmundo muere. En consecuencia, Wotan se ve obligado a matar a Hunding y a dirigir su furia hacia Brunilda.

La experiencia de la gran pantalla del Auditorio Nacional es magnífica por su definición y calidad de sonido. La vivencia se transmite y la energía se comunica entre dos ciudades con tanta riqueza cultural. La Met y el Auditorio Nacional se convierten en un puente antiguo, histórico y profundamente artístico para que La Valquiria de Wagner consolide el mito antiguo. El canto y la fortaleza poética detonan la imaginación del espectador. La búsqueda de Wagner por la “obra de arte total” (Gesamtkunstwerk) como ecuación perfecta entre expresiones artísticas diversas, se logra unificar en algo sublime. La Valquiria es una experiencia enriquecedora, bella y accesible para el público en general.

Se apagan las luces del escenario y comienza el tercer acto. Emerge un sonido sutil, luego envolvente. Suenan flautas, oboes, clarinetes, fagots, cuerdas, timbales, platillos, trompetas, galopes frenéticos. Es La cabalgata de las valquirias.

Encaramadas en sus caballos, ocho valquirias se alejan del escenario, se acercan al proscenio, saludan, ríen encantadoras. Tensan las bridas y generan la ilusión de emerger de la gran pantalla, de galopar por el público, mientras otras cumplen con su función ancestral: conducir las almas de los guerreros muertos al Valhalla.

Se encuentran Wotan y Brunilda al pie de una montaña. Por haber desobedecido a su padre, ella ha sido condenada a descender a la condición humana, al sueño eterno, hasta que el hombre más valiente la despierte para desposarla.

Un suspiro recorre el Auditorio Nacional, en el momento en que Wotan besa los ojos de Brunilda antes de dormirla. Luego le pide a Loge, dios del fuego, que la rodee con su poder.

A las tres de la tarde salgo a Reforma, las jacarandas de marzo relucen en todo su esplendor. Recuerdo una escena de La Valquiria, la primavera y el matrimonio como metáforas: la tierra y el cielo comprometidos en torno a un contexto, se convierten en impresiones comparativas del amor, enmarcadas por el Auditorio Nacional de la Ciudad de México y la Metropolitan Opera House de Nueva York.

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