CARTELERA AUDITORIO NACIONAL

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DIÁLOGO DE CARMELITAS DE FRANCIS POULENC EN EL AUDITORIO NACIONAL

por Carlos Azar Manzur

EL PASADO 11 DE MAYO SE PROYECTÓ EN LA GRAN PANTALLA DEL AUDITORIO NACIONAL LA ÓPERA DIÁLOGO DE CARMELITAS QUE SIMULTÁNEAMENTE SE PRESENTABA EN VIVO EN LA METROPOLITAN OPERA HOUSE DE NUEVA YORK.

La masacre de las carmelitas en Compiègne en los tiempos de la Revolución Francesa generó un juicio a los asesinos en Roma y, concluido el mismo, permitió a los estudiosos acceder a la documentación ordenada para conocer ese momento de locura criminal, de exceso ideológico que no estaba dispuesto a entender las diferencias o sólo las posibles versiones de la verdad. Gracias a esa documentación diversos creadores pudieron encontrar la información con el fin de darle forma a la tragedia. Por ello, esta masacre ha generado el relato La última del patíbulo de la escritora alemana Gertrud von Le Fort, la película de 1960 con Jeanne Moreau, Madeleine Renaud y Alida Valli, pero sobre todo la obra de teatro Diálogo de carmelitas de George Bernanos y la ópera homónima de Francis Poulenc.

En la charla previa a la presentación de la proyección de esta ópera de Poulenc en el Auditorio Nacional el 11 de mayo, Sergio Vela se preguntaba, en su espléndida dicción, por qué una masacre sin reparos, tanto el dramaturgo como el compositor habían decidido calificarla como “diálogo” si a las víctimas nunca les dieron esa posibilidad. Con esa idea en la cabeza, aunada a la puesta en escena de John Dexter, sobria, austera, casi desprovista de cualquier referencia escénica, la experiencia de enfrentarse a la ópera de Poulenc se torna muy particular. En este caso espléndidamente cantada por Isabel Leonard y Karita Mattila, entre otros, esta ópera sobre el miedo no se destaca por tener un enorme desarrollo vocal, sino por crear un ambiente doloroso, pero claro, un espacio que marca un equilibrio entre lo musical y lo literario. El mismo Poulenc dijo que, en esta ópera, las palabras serían su personaje principal. Como si siguiera esa sentencia de Richard Strauss en Capriccio en la que dice que en la ópera “las palabras suenan y los sonidos hablan”, Poulenc trató de construir un espacio en el que las palabras trataran de explicar esa tragedia, pero al no conseguirlo, sólo quedara la opción de volverlas a decir, de perseguirlas para ver si son capaces de darle sentido a la tragedia. Poulenc se enfrenta al drama de las carmelitas, a diez años del holocausto en la Segunda Guerra Mundial. La puesta en escena de Dexter, dirigida por el gran director franco canadiense Yannick Nézet-Séguin, vuelve a poner este drama en nosotros para preguntarnos por qué las masacres no han desaparecido. La sobriedad de la puesta en escena, sin referencias, hace que la historia pueda pertenecer a cualquier época, como si esa violencia no hubiera desaparecido.

Entonces la experiencia de escuchar Diálogo de carmelitas resulta ser estremecedora. Con el Salve Regina que anuncia el final, el camino hacia la muerte de los personajes se vuelve simbólico: ante la violencia humana sin sentido, acudimos a las palabras para ver si son suficientes para explicarla. El mismo Poulenc y la puesta en escena de la Metropolitan Opera House de Nueva York demuestran que lo son porque son capaces de colocarnos en el ambiente preciso para lograrlo. Poulenc dice que la violencia “dialoga” con nosotros y nos conduce a preguntarnos si seremos capaces de cambiar.

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