CARACTERES DE «CARÁCTER»

Shirin Abedinirad, Revision (Revisión), 2018. Proyecto para la Lorne Sculpture Biennale de Australia. Cortesía de la artista.

por Yaiza Santos

DIFERENTES INTERPRETACIONES MARCAN A LA VOZ ‘CARÁCTER’. UNA MIRADA A TODAS ELLAS ENRIQUECE LA NUESTRA SOBRE EL CONCEPTO Y NOS OBLIGA A REFLEXIONAR ACERCA DE NUESTRA PROPIA MANERA DE CONSTRUIRLO.

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Shirin Abedinirad, Revision (Revisión), 2018. Proyecto para la Lorne Sculpture Biennale de Australia. Cortesía de la artista.

Por su particular polisemia, «carácter» se puede esgrimir para bien o para mal sin necesidad de adjetivos.

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Shirin Abedinirad, Revision (Revisión), 2018. Proyecto para la Lorne Sculpture Biennale de Australia. Cortesía de la artista.

¿El carácter nace o se hace? Hay diversidad de opiniones, ninguna concluyente […].

Shirin Abedinirad es una artista iraní que estudió diseño gráfico y de moda. A través del performance, el videoarte y las instalaciones explora temas relacionados con el género, la identidad y nociones del ser. Su proyecto más reciente Revision, presentado en la Bienal de escultura Lorne en Australia, es una instalación que pretende reflejar su entorno, mientras fuerza al espectador a observar la naturaleza desde un nuevo marco. shirinabedinirad.com

Hay palabras que hacen especial justicia a su etimología. «Carácter» es una de ellas. Antes de dar el salto al español desde el latín (character), vino del griego χαρακτήρ (pronunciado «jaraktr»), que a su vez vino del verbo χαράττειν («jaráttein»), «hacer una incisión» o «marcar». Cuando se habla de «carácter», en general, se piensa en una particularidad, algo que define, que individualiza. Un surco en la existencia. Una huella. Una señal. De «carácter» deriva «característica», que también usaban los griegos para referirse a «lo que sirve para distinguir» (χαρακτηριστικός, «jarakteristikós»). Sería precioso, dicho sea de paso, que «cráter», cicatriz de la tierra, tuviera la misma raíz, pero no: proviene de κρατήρ («kratr»), la vasija que usaban en la antigua Grecia para el vino.

Los hispanohablantes han llegado a extender el significado original de «carácter» hasta casi una veintena de acepciones. El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) recoge, en concreto, un total de diecinueve entradas, diez simples y nueve complejas. Entre ellas, hay cuatro estrechamente relacionadas con su etimología: la primera, «señal o marca que se imprime, pinta o esculpe en algo»; la cuarta, «señal o figura mágica»; la octava, «señal espiritual que queda en una persona como efecto de un conocimiento o experiencia importantes, como, en la religión católica, la dejada por los sacramentos del bautismo, confirmación y orden» –por ejemplo «imprimir, imponer carácter»–, y la quinta, «marca o hierro con que los animales de un rebaño se distinguen de los de otro».

No de hierro pero sí de plomo fueron los tipos móviles que inventó Johannes Gutenberg en el siglo XV para la que se considera primera imprenta moderna, gracias a los cuales podemos hablar de «carácter» tal y como recogen la segunda y la tercera acepción de la RAE: «signo de escritura o de imprenta» y «estilo o forma de los signos de la escritura o de los tipos de la imprenta» –redonda o cursiva, por ejemplo. Este texto, sin ir más lejos, llegará a los cinco mil caracteres, que con suerte el lector leerá completos.

El vocablo latino character pasó al inglés –vía el francés– escrito tal cual con el significado adicional de «personaje». En nuestra lengua no se usa «carácter» con ese significado –uno de los célebres false friends con que nos alertan los buenos maestros de idiomas–, pero algo de ello hay cuando decimos que un actor está «caracterizado» como tal o cual personaje. Lo que sí existe en español son actores «de carácter», es decir, que representan papeles de personas de edad –es contagio de la misma expresión en inglés referirse a los actores secundarios o de reparto versátiles y reconocibles–, y comedias «de carácter», destinadas a exagerar un tipo de personalidad para provocar la risa, como El avaro o El misántropo, de Molière.

Más definiciones: «condición dada a alguien o a algo por la dignidad que sustenta o la función que desempeña» –como en «medidas de carácter transitorio»–; «fuerza y elevación de ánimo natural de alguien, firmeza, energía»; «modo de decir, o estilo». Por su particular polisemia, «carácter» se puede esgrimir para bien o para mal sin necesidad de adjetivos. «¡Qué carácter!» con frecuencia afea una conducta, mientras que todo es elogio para la persona «con carácter». Valdría la pena averiguar cuántas veces se utiliza la primera expresión para mujeres y la segunda para hombres y viceversa, aunque sería materia para otra columna.

«Carácter sexual» es el término que usa la ciencia para definir cada uno de los rasgos que distinguen a las hembras de los machos. La biología sí necesita ponerle adjetivos («carácter heredado», «carácter adquirido»), mientras que la psicología asume que «carácter» es el conjunto de cualidades de una persona.

El verdadero dilema con el «carácter» es aquel que planteó Sir Francis Galton, primo de Charles Darwin, en el siglo XIX con la frase «Nature versus Nurture», naturaleza frente a cultura, lo innato frente a lo adquirido. ¿El carácter nace o se hace? Hay diversidad de opiniones, ninguna concluyente, pero una, audaz, es la de la psicóloga estadounidense Judith Rich Harris. En The Nurture Assumption, publicado en español como El mito de la educación (Grijalbo, 1999), Harris asegura que los padres, al contrario de lo que se presupone, no tienen mucho que hacer en la forja de un carácter; que éste depende, en última instancia, de la combinación de genes y del grupo de pares con el que el joven se junte.

Sobre este debate, el filósofo David Lewis dejó escrito que es más viejo de lo que parece, y que hunde sus raíces en la tragedia de Edipo: el destino frente al libre albedrío. Estos caracteres terminan, pues, en la antigua Grecia, justo donde empezaron. 

Yaiza Santos (Huelva, España, 1978) es periodista y editora afincada en México. Ha publicado en Letras Libres, Este País, Esquire Latinoamérica, El País Semanal, Tierra Adentro y los diarios 14ymedio.com y ABC. Actualmente, da clases en Centro y escribe para la revista española Jot Down Magazine.

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