AFECTOS Y VÍNCULOS EN EL MUNDO VIRTUAL

John Stezaker, Anna Devís + Daniel Rueda, Corri-door, 2018. Cortesía de los artistas.

por Claudia Hirsch

LOS TIEMPOS DE DISTANCIAMIENTO SOCIAL NOS INVITAN A REFLEXIONAR SOBRE LOS EFECTOS DE LA TECNOLOGÍA, ASÍ COMO LAS IMPLICACIONES EMOCIONALES Y VINCULARES QUE CONLLEVA EL MUNDO VIRTUAL.

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Anna Devís + Daniel Rueda, Key-solation, 2017. Cortesía de los artistas.

[…] lo virtual se ha convertido en la forma de sostener lazos preexistentes y sobrellevar los estudios y el trabajo.

Las pantallas surgen como una forma de protegernos ante el “otro” que se convierte en una amenaza. Portamos caretas para tratar de evitar contagios al tiempo que nos refugiamos en nuestros dispositivos para sentirnos cerca, pero a los kilómetros necesarios para sentirnos seguros.

Encontramos alumnos que en clase presencial se mostraban sumamente tímidos y ahora son más participativos en la computadora. Lo cibernético aparece como una forma en la que el sujeto logra mostrarse sin temor a salir lastimado porque, en el peor de los casos, basta con desconectarse y echarle la culpa a las máquinas, para así evitar el conflicto que puede surgir en una relación cara a cara.

Para algunos, el mundo digital continúa sirviendo como un escudo que les permite adoptar una identidad alterna (como en el caso del cyberbullying o los adolescentes que tratan de iniciar una relación con algún extraño que aparenta ser alguien más). Para otros, ha aumentado la necesidad de ser vistos, lo que nos lleva a pensar en el exhibicionismo de aquellos que dedican horas a subir fotos a las redes o publicar cada acontecimiento de su vida privada para convertirlo en algo público y el voyerismo de quienes gozan espiando la vida de los demás.

Finalmente, para la gran mayoría, en la actualidad, lo virtual se ha convertido en la forma de sostener lazos preexistentes y sobrellevar los estudios y el trabajo. El home office se consolida como una opción que tiene varias ventajas, pero que también representa no poder desconectarse de una actividad para concentrarse en otra, es decir, esto nos confronta con una simultaneidad en la que prevalece la sensación de “estar y no estar” en ningún lado y en todos a la vez.

Por su parte, los maestros se encuentran agotados ante la necesidad de actualizarse y conocer las Tecnologías Informáticas y de Comunicación Social (TICS). La comunicación digital implica sostener un esfuerzo adicional desde la parte física: elevar el tono de voz, no saber si los alumnos están escuchando y carecer de retroalimentación visual cuando muchas veces mantienen apagadas sus cámaras. Uno vuelve a sentirse solo en un mundo globalizado; vuelve a ser evidente que la exposición de un docente no puede competir con un video animado o un contenido educativo interactivo.

Lo casual se pierde ya que ahora se aprende a respetar turnos para hablar debido a que las interferencias en el sonido hacen imposible sostener una conversación grupal de manera simultánea, como se hacía naturalmente en reuniones sociales, y surgen nuevos malestares en la comunicación con los de “afuera” debido a fallas con internet, mientras que con los de “adentro” (los que se encuentran en nuestros hogares) surgen dificultades en la convivencia debido al encierro.

Podemos concluir que la presencia va más allá del encuentro entre los cuerpos. El mundo virtual aparece como una forma más de estar conectados y que, como todo vínculo, implica retos.

Mucho se habla de las consecuencias del abuso de los dispositivos en diversas áreas. A nivel de la salud, se encuentran los riesgos en la visión, la postura, las alteraciones en el sueño, los dolores de cabeza, la tendinitis, la obesidad a causa del sedentarismo e incluso, crisis convulsivas. En los niños se han estudiado los efectos de algunos videojuegos a nivel neurológico por la intensidad y cambio de colores y luces a gran velocidad.

En cuanto a los lazos sociales, era común escuchar a varios profesores quejarse de que los padres no ponían límites ni horarios a sus hijos en cuanto al empleo de tabletas o computadoras, dejándolos en manos de la “niñera-televisión”. Es decir, se culpaba al aparato de destruir las conversaciones familiares en las comidas o la falta de atención en los niños.

Por un lado, aparece la crítica inmediata hacia la fascinación por las pantallas y la sobreexposición a las mismas como una forma de evadir la realidad. Por otra parte, no podemos olvidar ciertos imperativos de goce absoluto aunados a un consumismo desbordado que promueve comprar el último gadget para sentir que se pertenece y que somos “iguales”.

En ese sentido, la aparición de una pandemia nos uniforma, ya que es una realidad compartida en la que no sólo las relaciones económicas, de poder y ambientales están en tela de juicio; los mismos vínculos afectivos cobran otra dimensión al pasar de una realidad paralela a una virtualidad que se posiciona en primer plano.

La humanidad se ha enfrentado con anterioridad a otros tipos de confinamiento; sin embargo, en 2020 contamos con el recurso tecnológico para no sentir el agujero que el aislamiento impone. Aumentan los mensajes por WhatsApp, las fiestas por Zoom, las videoconferencias por Meet y las clases en diversas plataformas.

Si bien estos medios ofrecen ventajas relacionadas con la inmediatez, acarrean interrogantes en cuanto a la invasión y la disolución de los límites del tiempo. Pareciera que uno puede entrar al hogar del otro en cualquier momento y sin pedir permiso y acceder a una intimidad que implica borrar los espacios. Sin importar el día y la hora, siempre habrá alguien para comentar, dar “like” o agregar un emoticón en los blogs o los chats. Aun como terapeutas, descubrimos nuevos rincones de la vida de nuestros pacientes en una conferencia por Skype.

Por un lado, esto representa una salida laboral y afectiva que en otras épocas era impensable y nos ha permitido mitigar, aunque sea de forma mínima, la crisis mundial. Por otro, aparecen estos medios para tratar de tapar la angustia que la incertidumbre nos genera.

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Anna Devís + Daniel Rueda, Two-gether, 2018. Cortesía de los artistas.

Bibliografía

Hodelín, Yasnay; de los Reyes, Zaida; Hurtado, Gleidis y Batista, Milton. “Riesgos sobre el tiempo prolongado frente a un ordenador” en Revista Información Científica (2016). Recuperado de https://bit.ly/2ZCDMZR (consultado el 10 de mayo de 2020).

Sahovaler de Litvinoff, Diana. El sujeto escondido en la realidad virtual. Argentina: Letra Viva, 2016.

Zelmanovich, Perla. “Aportes para abordar el malestar educativo actual en tiempos de lazos virtualizados” en Programa de Psicoanálisis y Prácticas Socioeducativas - FLACSO Argentina (2020). Recuperado de https://bit.ly/3eWMhoR (consultado el 11 de mayo de 2020).

[…] los mismos vínculos afectivos cobran otra dimensión al pasar de una realidad paralela a una virtualidad que se posiciona en primer plano.

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Anna Devís + Daniel Rueda, Digital Rain (Lluvia digital), 2017. Cortesía de los artistas.

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Anna Devís + Daniel Rueda, Team-work (Trabajo en equipo), 2019. Cortesía de los artistas.

Anna Devís y Daniel Rueda son dos fotógrafos españoles. Se conocieron en la Universitat Politècnica de Valencia, donde ambos se graduaron en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura. El dúo creativo utiliza su bagaje arquitectónico para contar historias mediante imágenes divertidas y originales que transforman la fotografía de arquitectura convencional. Su trabajo se caracteriza por el uso del humor, la creatividad, la precisión y una delicada estética inspirada en la ciudad, la geometría y el minimalismo. annandaniel.com |
Instagram: @anniset + @drcuerda

Claudia Hirsch Montoya es pedagoga y psicoterapeuta psicoanalítica. Atiende a niños, adolescentes y adultos; organiza seminarios, imparte conferencias para padres y docentes en diversos niveles educativos y es profesora de licenciatura y maestría de Universidad Humanitas campus Presa Madín.

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