Administración, poder y cultura

por Juan Carlos Ramos Ayllón

La noción de poder no es ni buena ni mala; su valor reside más bien en el uso que se le da, así como en las dinámicas que se generan en torno a ella. Este texto explora diferentes relaciones entre el poder y la administración poniendo en evidencia que en última instancia hablar de poder es también hablar de cultura.

Rafael Lozano-Hemmer, Blow Up, Shadow Box 4, 2007. Vista de detectores en Fundación Telefónica, Buenos Aires, Argentina, 2012. Fotografía de Pablo Lasansky, Fundación Telefónica.

“Lo que define el poder es la legalidad y a la autoridad, la legitimidad”.¹

El poder lo otorga el aparato de dominio del poder que se establece a partir de las relaciones intersubjetivas; esas mismas relaciones se expresan en ocasiones de forma barroca o rara.

Quien no tiene poder (al menos un grado) construye sus propias catedrales de poder; edifica bardas, muros y crea mecanismos de vigilancia para perpetuarse en él. El objetivo del poder en las organizaciones es controlar los procesos de producción y también las relaciones humanas que participan en alguna parte de la cadena de producción y de la de valor.

Con este artículo no se intenta calificar como buena o mala la relación del poder con la administración; sí se trata de explicar cuáles son los mecanismos de control de ese binomio.

Las empresas privadas tradicionales y aún más, las familiares tienden a organizarse en forma piramidal; en cambio, algunas empresas con mecanismos de poder más sofisticados, no tienen miedo de estructurarse de forma horizontal.

EL ESTADO
En el ámbito del Estado existe un soporte de legitimidad que permite crear y establecer leyes para controlar mejor a sus gobernados; sin embargo, los gobernados no son uniformes y presionan en diferentes direcciones, con el fin de llegar al poder y así, crear y establecer las leyes que más convengan a sus propios intereses. Aún más, en el Estado, en la mayoría de los países del mundo, día con día, existen y conviven estas fuerzas de presión.

LA JERARQUÍA Y LA ESTRUCTURA OPERATIVA
La organización misma legitima la estructura formal de las jerarquías; es decisión del jerarquizado acatar o no dichas estructuras.

La estructura informal de las jerarquías se construye bajo la interrelación de unas personas con otras, lo que desemboca o se expresa en forma de cultura; se trata entonces de un resultado cualitativo cultural que permea en la organización, hasta el grado de consolidar o desestabilizar las jerarquías.

De esta forma es que encontramos cinco grandes premisas:

• El poder (formal e informal). • La estructura o jerarquías (administración pública y privada).

• La cultura de la organización (expresión resultante de micro o macro poderes individuales interrelacionados).

• La legitimidad (que se logra por consenso, por la fuerza o incluso por la violencia).

• La condición humana (término que expresa la razón o la sinrazón de algunos actos humanos, que integran elementos como los anhelos, las frustraciones, la alegría, la pasión, la felicidad y los deseos mismos de poder…).

En la administración, los puntos anteriores suelen tener una fuerte carga simbólica e incluso ideológica. Se entiende a la ideología como la adopción de formas poderosas de pensar y actuar, mientras que lo simbólico puede alcanzar maneras más cotidianas y hasta comunes; cómo vestimos, la forma en la que hablamos, dónde vivimos, entre otras.

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"En las organizaciones, el poder se establece a partir de una serie de mecanismos esperados de conducta (individual o grupal)".

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LA LEGALIDAD Y LA LEGITIMIDAD EN LA ADMINISTRACIÓN
El principal sustento del poder legal y legítimo en la administración es el acuerdo intersubjetivo de unas personas con otras o de unos grupos con otros.

La administración se soporta en su estructura orgánica- cultural, con el fin de lograr objetivos de plusvalía.

En última instancia, la administración busca mejorar su cadena de producción con objetivos de rentabilidad, aunque en dicho proceso algunos individuos o grupos se queden en el camino. La administración suele ser tolerante y paciente, aunque siempre vigilante; soporta y estructura sus decisiones de poder en métricas y resultados de rentabilidad y mercado. La relación de dominio que ejerce la administración necesita forzosamente de la legalización (de las leyes) para dirigir el actuar de los individuos y de los grupos.

“La legalidad se caracteriza por aspirar a un sólido control de la conducta…”.²

“La relación de dominio que emana de la administración apela a la legalización como una forma efectiva de orientar las actividades colectivas, logrando mantener un determinado orden social establecido”.³

“La autoridad formal incluye los títulos de los puestos de trabajo y el poder aceptado concedido al titular de un puesto formalmente definido”.4

EL PODER
Michel Foucault define al poder como “el dominio de una persona o grupo, cuyo objetivo principal es la prevalencia de una acción sobre otra”.5

En las organizaciones, el poder se establece a partir de una serie de mecanismos esperados de conducta (individual o grupal). Foucault señala que la división del trabajo y la jerarquía de tareas hacen referencia al poder institucionalizado, a una estructura de dominación como la jerarquización. Por su parte, Henry Mintzberg6 define el poder como: “La capacidad de afectar (causar efecto en) el comportamiento de las organizaciones”. “Tener poder es tener la capacidad de conseguir que determinadas cosas se hagan, de causar efecto sobre las acciones y decisiones que se toman”.7

Sin embargo, no solamente se trata de manipular; en el mejor sentido académico, el poder como elemento inherente a la administración busca imponer ciertas directrices o acciones en aras de alcanzar objetivos de productividad, innovación, competitividad y rentabilidad.8

1. Cruz L. A., 2010.
2. Buckley, W. 1993, pp. 258-259 (modificado). 3. Buckley, W. pp. 259-260 (modificado).
4. Terry, G. 1982, p. 336, (cita acotada).
5. Foucault, M. 1988, pp. 11-12 (modificada).
6. Mintzberg, H. 1992, p. 5.
7. Minztberg, H. 1992.
8. Basado en Villoro. 2001, pp. 79 y ss.

Rafael Lozano-Hemmer, Reporters with Borders, Shadow Box 6 (Reporteros con fronteras, Caja de sombras 6), 2007. Vista de la exposición Pseudomatismos en el Museo Universitario Arte Contemporáneo MUAC, Ciudad de México, 2016. Fotografía de Marina Yañez.

Debemos señalar sobre algunos mecanismos “legítimos” que usan ciertos administradores; dichos mecanismos de poder son:

• Hacer actuar a las personas contra su voluntad.

• Usar la fuerza ilegítima.

• Manipular los símbolos, la información, el conocimiento y la tecnología.

• Emplear otras condiciones ambientales, políticas y socioculturales; hasta la adjudicación de recompensas condicionales.

• Orientar la productividad, la rentabilidad, el desarrollo tecnológico y la prospectiva administrativa con fines rentables. 9

“El poder acumulado es un poder efectivo en la medida que es útil para acumular más poder”. 10

“Los recursos principales en la mayoría de los sistemas administrativos y políticos contemporáneos son: el Estado, el capital (nacional y extranjero), la ideología, la información, la coacción, los partidos políticos, las corporaciones y la misma sociedad”. 11

Estas relaciones de poder tienen un significado adicional, contextual y material, debido al espacio donde se generan. Señalemos que el contexto puede ser determinante en las organizaciones, al alterar estructural y culturalmente la lógica de sus mecanismos de operación y acción elementales.

Otro elemento inherente a la contextualización es globalizar y regionalizar los mercados; quizá se trata de una nueva forma de colonización, donde las fronteras han perdido su carga simbólica e ideológica. En varios sentidos, esta contextualización (entorno globalizado culturizado) rinde frutos de carácter positivo para la sociedad y los individuos. Hoy vivimos una especie de “democratización de la información y el conocimiento”; es entonces responsabilidad de los administradores, políticos y de la sociedad civil construir los cauces legales (legítimos) para impulsar la aplicación positiva de dichos conocimientos. Por nuestra parte, bajo un afán constructivo, es nuestro deber como académicos, trabajar para que la educación a todos los niveles, sea: “la variable material-cultural transformadora por excelencia”. 12

“La cultura engendra progreso y sin ella no cabe exigir de los pueblos ninguna conducta moral”. 13

De esta forma, podemos afirmar que en las aulas se gestan y nacen las nuevas mujeres y hombres empoderados; por tanto, debemos ser muy cuidadosos (y entusiastas) en hacer que nuestros alumnos asuman la responsabilidad del análisis administrativo-cultural, mejorar su razonamiento, para así transformar las condiciones de su entorno.

Como conclusión, se trata de: “Yo soy yo y mi circunstancia, si no la salvo a ella no me salvo yo”. 14

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BIBLIOGRAFÍA:

Cruz, L. A. (2006). "La regularidad del comportamiento administrativo a partir del concepto de dominación de Max Weber" en Contaduría y administración, enero-abril.

----------, (2008). "El concepto de legitimidad de la autoridad: elementos de análisis para comprender la relación autoridad-subordinación en el comportamiento administrativo". Academia. Revista Latinoamericana de Administración, primer semestre.

Foucault, M. (1988). "El sujeto y el poder" en Revista mexicana de sociología, julio-septiembre.

Gadamer, H. (2000). La idea de la tolerancia. Elogio de la teoría. Traducción Anna Poca, Barcelona, Península.

9. Basado en Buckley. 1993, p. 271 (modificado).
11. Izquierdo F. y Lampridi-Kemou A. 2009 (modificado).
12. Ramos J.C., 2016.
13. Vasconcelos J., 1921.
14. Ortega y Gasset J., Meditaciones del Quijote, 1914.

Juan Carlos Ramos Ayllón es Maestro en administración (organizaciones) por la UNAM, cuenta con 2 Licenciaturas y es profesor nivel licenciatura y maestría en Universidad Humanitas y otras Instituciones los últimos 20 años.

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