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LA ADMINISTRACIÓN DE LA VERDAD

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¿Qué relación podría plantearse entre un concepto tan pragmático y concreto como la administración, y uno tan filosófico como la verdad? Este texto propone una forma de interacción entre ambos, que da como resultado una práctica de vida que nos ayudará a forjar una conciencia propia más fortalecida.
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POR RAFAEL BRAVO MEDINA

Valdría la pena empezar diciendo que para efecto de esta propuesta, definiremos la verdad como la adecuación objetiva de la mente con la realidad, independientemente de nuestra capacidad para poder contenerla.

Sabemos de antemano, que el concepto de objetividad ha sido unas veces denostado y otras defendido por la humanidad a través del tiempo. Entendiendo que sería motivo de otra profunda reflexión para el tema que hoy nos ocupa, solo plantearemos que la objetividad se entenderá como el marco de referencia aceptado por los integrantes de un grupo determinado, sea del ámbito familiar, social, religioso, académico, regional o global. Dicho a manera de ejemplo, el marco de referencia incluye los parámetros que nos hemos dado para identificar el tiempo y el espacio, los conocimientos científicos descubiertos, el lenguaje, las leyes, las normas, los códigos de comportamiento que hemos establecido, etcétera, sabiendo que estas estructuras mantienen una estabilidad relativa, pero a la vez, una dinámica continua de transformación.

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LA ADMINISTRACIÓN DE LA VERDAD
ES EL PROCESO DINÁMICO
POR MEDIO DEL CUAL EL SER HUMANO
IMPULSA SU CAPACIDAD INTELECTUAL
Y VOLITIVA.

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Entrando al concepto de la administración, existen diversas definiciones reconocidas y aceptadas. Hay desde la que la plantea como una ciencia, con un proceso concreto a seguir (planeación, dirección, ejecución y control), hasta la que la describe como el arte de lograr objetivos a través de los recursos humanos, materiales, intelectuales y tecnológicos disponibles. Aceptando que tanto la verdad como la administración son conceptos esencialmente humanos, y que la naturaleza humana incluye en su ADN la moral y la ética, será una condición indispensable ubicarlas en el centro de nuestro tema: la administración de la verdad.

Comenzaremos exponiendo lo que no es:

* Administrar la verdad no significa ocultarla, racionarla o reducirla, atendiendo a intereses que la moral y la ética de nuestra “conciencia interna” descalifican.¡Cuidado con la codicia y el egoísmo!

* Tampoco es ignorarla, limitarla o detenerla, obstaculizando nuestras propias capacidades. ¡Cuidado con la soberbia y la desidia!

* Es importante entender que este proceso no es estático, por más que en determinadas etapas o periodos de nuestra historia se muestre como concluido, tal como a finales del siglo XIX dijera el comisionado de Patentes y Marcas de los E.U.A., Charles Holland Duell, “todo lo que podría ser inventado, ya ha sido inventado”.

La administración de la verdad sí es el proceso dinámico por medio del cual el ser humano impulsa su capacidad intelectual y volitiva (inteligencia y voluntad), con el objetivo fundamental de desarrollar una creciente y madura “conciencia interna” que le permita discernir. A mayor desarrollo, mejor discernimiento.

La “conciencia interna” expresada en términos sencillos, es la casa que construimos dentro de nosotros mismos, donde el arquitecto es la inteligencia y los trabajadores, la voluntad. Complementando este cuadro, diremos que los materiales y la tecnología utilizados para construirla, son todos aquellos elementos que obtenemos de nuestros sentidos (lo que vemos, lo que leemos, lo que oímos, lo que tocamos, lo que percibimos, etcétera) los cuales pasan por la aprobación del arquitecto (inteligencia, moral) y la aceptación de los trabajadores (voluntad ética). Ejercitar constantemente la inteligencia y la voluntad es una prioridad de este proceso.

Asumiendo que la adecuación objetiva de la mente con la realidad, dígase la verdad, es una aspiración esencial de la naturaleza humana, podemos afirmar que saber administrarla debiese ser un objetivo primordial del ser humano.

A manera de conclusión, se puede plantear una simple propuesta:

¡Incluir en nuestro proyecto de vida, la administración de la verdad!

¿Construir una casa propia del saber?

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Rafael Bravo es Administrador de Empresas por la Universidad Panamericana, habiendo ocupado puestos a nivel directivo en el área de mercadotecnia y ventas en importantes empresas transnacionales. Actualmente trabaja como consultor de negocios.

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